Si pudiera cerrar mis ojos y poder hacer realidad cualquier deseo, sin dudarlo pasaría una vida a tu lado. En este mundo paralelo, me mirarías con tus ojitos dulces, tu colita se movería y me pedirías que te sacara a pasear, poniendo tus patitas sobre mí de forma juguetona.
Ya ha pasado un año desde que te fuiste. Supongo que ahora estarás detrás del arcoíris, jugando sin parar con otros bebés peluditos como tú. Debo reconocer que cuando te fuiste sentí que contigo se fue una parte de mí, pero hoy entiendo que sigues conmigo: vives en mi corazón y en mis recuerdos. No creas que me he olvidado de ti. No nos hemos olvidado de ti.
Cuando te conocí, entendí por qué le robaste el corazón a mis hermanos, tus padres. Eras un ángel encubierto en una misión secreta. Por si fuera poco, nos convertiste a mis hermanos y a mí en los tres mosqueteros a tu cuidado, nuestro principito Charlie. En lo particular, me sanaste el corazón, lo llenaste de amor y de luz. No tengo más que palabras de agradecimiento para ti, mi bebé peludo. Fuiste lo mejor que nos ha pasado, individualmente y como familia. Nos uniste más e hiciste del mundo un lugar más bonito y mejor.
Contigo, los días empezaban bien temprano. Nos hacías salir a pasear aun en el día más nublado, lluvioso o en medio de una tormenta de nieve. Porque así eras: sabías disfrutar hasta de los días más grises y nos contagiabas de esa energía. Estoy segura de que mis hermanos piensan lo mismo y siempre te llevan en el corazón.
Charlie, pasé cuatro años a tu cuidado, pero si hubiese podido elegir, me hubieses acompañado la vida entera. Lo sé, lo sé… Entiendo que los ángeles de cuatro patas están prestados en este mundo y me siento contenta de haberte cumplido mi promesa: estuve a tu lado hasta tu último suspiro.
Cuando empecé a cuidarte, me acababa de mudar a Vancouver, no conocía a mucha gente y, junto a ti, empezó la aventura de vivir en la ciudad de mis sueños. Junto a ti nunca me sentí sola, y hasta los inviernos se tornaron cálidos. ¿Quién se iba a sentir sola a tu lado? Si eras perfecto y una cura para el alma. Sabías hasta cuándo estaba triste y entendías una regla de oro: las acciones valen más que mil palabras; el siempre estar y acurrucarte cerca de tus seres queridos, cuando más lo necesitan, no tiene precio. Y es que estar cerca de ti era como estar cerca de una fogatita llena de pelitos, y por eso había pelitos por toda la casa: ibas dejando tu esencia amorosa por cada rincón.
El día que partiste, abriste tus alitas, llegaste al cielo y te acostaste en una nube para cuidarnos desde allí. Eres tan lindo que dejaste los celos a un lado y hasta me mandaste a un hermanito para que secara mis lágrimas, curara mi corazón e iluminara mi vida. Gracias por traer a nuestra familia el amor incondicional que solo un peludito te puede dar, el que no juzga y te quiere más que a sí mismo.
Charlito bebé, espérame detrás del arcoíris y, mientras tanto, nos vemos en mis sueños. Por cierto, si puedes, por fa, aparece en los sueños de tus papitos, que ellos también te extrañan. Te amo, mi bebé peludo.
Tu mami humana.
Y a ti, amigo inmigrante y no inmigrante: lo mejor que puedes hacer es poner a un peludito en tu vida. ¡No te vas a arrepentir! El riesgo que corres es que te robe el corazón. 💛
